El pueblo San José de Balcarce fue fundado el 22 de junio de 1876 mediante un decreto que firmaron el gobernador Carlos Casares y su ministro de Gobierno Aristóbulo del Valle.
La fundación fue la resultante de muchas, empeñosas y nada fáciles gestiones por pobladores establecidos en este mismo lugar para que el pueblo cabecera del partido –creado en 1865- se estableciera en este sitio, por haber aquí una fracción de tierras fiscales que lo facilitaba. Casares y del Valle, al poner sus firmas en el decreto, llenaron la parte formal que atendía un reclamo generalizado de la comarca. Los impulsores del nuevo pueblo estaban aquí. Muchos años después, en 1954, el Archivo Histórico de la provincia reconoció oficialmente como fundadores a don José de la Cuadra y a don José Andrés Chaves. El primero fue un comerciante de gran ascendiente, establecido en la zona, que encabezó las gestiones. El segundo, como juez de paz de la época, quien las oficializó.

Por supuesto que los nombres de vecinos actuantes en la fundación no se agotan en los dos consignados. Hay muchos otros, que por menos deben ser considerados pioneros de aquel tiempo. Es el caso de Rafael Cabot, Ángel Sorondo, Serafín Viglizzo, Ramón Sorondo, Juan Cabot, Antero Llanos, José A. Fernández, Magín R. Solá, Domingo de la Cuadra, Miguel Beristain, Juan Pablo Amarante, Emiliano Valdez, Bernabé Sáenz Valiente, Juan E. Peredo, y otros que fueron rescatados por el estudio histórico realizada hace años y que figuran en los dos tomos editados. No pocos de ellos merecen quedar perpetuados en la nomenclatura urbana para conocimiento y homenaje de las generaciones que se sucedan de aquí en adelante.
Todos esos pobladores-fundadores se desempeñaron en una época muy difícil. Todo, o casi todo, estaba por hacerse. Su trabajo, su esfuerzo, su lucha, solo pueden dimensionarse en función de la convicción y la pasión con que abrazaron el gran objetivo perseguido tenazmente durante varios años: fundar el pueblo, en el centro equidistante de la jurisdicción territorial que abarcaba entonces el partido. Lo lograron plenamente y ello constituyó un triunfo propio, que celebraron jubilosamente en el cerrito cercano, al que le dieron ese nombre: El Triunfo.

Han de transcurrir 150 años. Fechas así, más que celebrarse, requieren una reflexión. Los balcarceños de hoy tenemos que ser dignos de aquellos fundadores y pioneros. Esto puede hacerse de muchas maneras. Pero, fundamentalmente, cumpliendo noble y acabadamente nuestro rol de vecinos en la comunidad de nuestros días.

